Silvio Falcucci no se considera una persona religiosa, pero reconoce que vivió un milagro. Recostado en una cama del Hospital Paroissien de La Matanza, el técnico en electrónica de 41 años apenas se puede mover por el dolor que le producen las tres balas que tiene en el cuerpo. Pero lo que más le preocupa es el hecho de poder volver a caminar bien, ya que uno de los proyectiles le quedó alojado en la cadera y apenas puede mover su pierna izquierda. Pese a eso, se muestra decidido a salir a adelante y a recuperarse para poder enfrentar, por medios legales, al hombre que le disparó.

El lunes a la madrugada, Pablo Lacroto, un empleado civil de la Policía Federal, lo baleó con una pistola calibre 45 en una esquina de Villa Madero cuando lo vio con su mujer, Ana María Cazón, con quien Silvio salía por primera vez, tras haberla conocido hacía apenas un mes por Internet. Él intentó escapar del agresor acelerando su Dodge 1500, pero al ser herido perdió el control y se estrelló contra el frente de un kiosco.

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