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Una mujer que compró por 7 dólares un cuadro en un mercado de pulgas hizo el negocio de su vida: según expertos, se trata de una pintura del impresionista francés Pierre-Auguste Renoir, valorada en hasta 100.000 dólares.
La afortunada, vecina del estado de Virginia, compró en una feria el cuadro, un muñeco de Paul Bunyan (el leñador gigantesco del folclore estadounidense) y una vaca de plástico. Lo que más le gustó fue el muñeco. Al cuadro se lo llevó porque venía en la misma caja y pensaba sacarle el lienzo.
Estos estos objetos estuvieron meses y meses en una gran bolsa blanca de plástico, sin encontrar destino, entre el garaje, la cocina y el auto de su dueña.
Un día, la mujer decidió hacer algo con el cuadro y empezó a quitarle el lienzo. Su madre le pidió que esperara y que llevara la obra a algún experto para que le dijeran si tenía algún valor. Así fue que llegó a la casa de subastas Potomack Company, donde la experta Anne Norton Craner la identificó de inmediato como la obra del impresionista francés.
Norton Craner, antigua investigadora del Museo Metropolitano de Arte, identificó de inmediato la pintura como un trabajo original de Renoir llamado "Paysage Bords de Seine" (Paisaje a orillas del Sena), valuada en al menos 75.000 dólares. La obra data, aproximadamente, de 1879.
"La mujer trajo el cuadro, estaba muy emocionada, pero no sabía lo que tenía en sus manos. Abrió la bolsa e inmediatamente me pareció una obra auténtica", explicó Craner a la cadena británica BBC. "Lo sé por el color, ese color brillante, los rosas y los púrpuras. Además, Renoir es conocido por sus rápidas pinceladas. Y el color es muy importante tratándose de Renoir", agregó.
Más allá del instinto y el olfato de la experta, lo que confirmó que el cuadro es auténtico es que tiene por detrás la típica etiqueta de los marchantes franceses, y en ella aparece el nombre del artista y el título de la obra.
Craner buscó por el título y encontró un cuadro con el mismo nombre en el catálogo de la obra del impresionista francés. La Galería Nacional de Arte de Washington DC y la confirmación de un experto en Renoir, terminaron por satisfacer a Craner.
Lo que nadie entiende es cómo una obra de Pierre-Auguste Renoir pudo terminar entre muñecos y baratijas de un mercado de pulgas.
El último dueño conocido del cuadro fue Herbert May, esposo de Sadie May, una coleccionista de arte de Maryland, benefactora del Museo de Arte de Baltimore. Ahí se pierde la pista del cuadro, que no fue visto desde 1926, hasta ahora.
La subasta tendrá lugar el 29 de septiembre. La dueña del cuadro ni ha pensado en quedarse con él. Lo único que tiene en mente es, si todo sale bien con la venta de finales de mes, invitar a su madre a un viaje a París, Francia, para visitar el Museo del Louvre.
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EFE