Mientras el canciller Timerman informó que Argentina aceptó oficialmente la mediación de Naciones Unidas en el conflicto con Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas.

Mientras decenas de intelectuales y artistas populares de distintos países de América Latina manifestaron públicamente su solidaridad con el pueblo argentino en la causa Malvinas.

Mientras todos los gobiernos de la región reiteraron igual solidaridad.

Mientras los sindicatos del transporte de la región analizan la implementación de medidas en el mismo sentido.

Mientras los legisladores nacionales preparan una sesión especial en Ushuaia para tratar el tema Malvinas.

Mientras los ex Combatientes, los que verdaderamente pelearon en nuestras islas frente al agresor británico en 1982 y quedaron con el cuerpo y el alma mutilados, hoy apoyan de manera entusiasta las acciones que viene realizando el gobierno nacional para defender esta justa causa.

Mientras todo esto ocurre, en el día de ayer las fuerzas del cipayismo dejaron de lado las sutilezas para decir directamente que había que poner “en dudas” la pertenencia legítima de nuestras islas.

Así lo manifestó un asiduo vocero de La Nación, Luis Alberto Romero, a través de una columna titulada “¿Son realmente nuestras las Malvinas?”.

Vergüenza ajena, es lo que sentimos al leerla.

El historiador llega al colmo de afirmar: “En Malvinas nunca hubo una población argentina, vencida y sometida. Quienes viven en ella, los falklanders, no quieren ser liberados por la Argentina. Me resulta difícil pensar en una solución para Malvinas que no se base en la voluntad de sus habitantes, que viven allí desde hace casi dos siglos”.

¿No sabe acaso quién fue el Gaucho Rivero y los gauchos que se rebelaron el 26 de Agosto de 1833 frente a la ocupación británica en Malvinas?

¿No sabe acaso que esos gauchos arriaron la bandera inglesa para volver a izar orgullosamente la bandera argentina?

¿No sabe acaso que la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, por iniciativa del Presidente Arturo Illia, logró que en el texto no se hablara de la “voluntad” sino de los “intereses” de los isleños porque es lo que realmente se ajusta al derecho internacional que privilegia la integridad territorial de una nación?

En la Avenida 9 de Julio, entre tanto, un pequeño grupo de ex conscriptos, que no pelearon en las Islas, que no combatieron frente al agresor colonialista, cortaron el tránsito como forma de presionar al Estado para que les otorgue un tratamiento especial.

Así no.

Con las Malvinas, no se juega ni especula.

Hay mucha sangre derramada en estos 200 años para bastardearlas así.

O se está con la Patria. O con la Colonia.

No hay más tercera vía.