Por Juan Diego Britos

Especialistas en sacar provecho del deseo ajeno, los presuntos promotores artísticos reclutaban bellas jóvenes uruguayas con ansias de pasarela. Con paciencia las convencían para que se prostituyeran y luego ofrecían los servicios a empresarios de alto poder adquisitivo. La tarifa del singular camino a la fama variaba según la zona y las chicas se llevaban la mitad del dinero acordado previamente con los clientes. El contacto en la Argentina era Leandro Santos, representante de reconocidas vedettes y ex novio de la modelo Zaira Nara. El negocio era perfecto y los billetes se apilaban sobre los sueños truncos de las muchachas. Pero en diciembre de 2010 un arrepentido se presentó ante la jueza uruguaya Graciela Gatti y desnudó el funcionamiento de la red de prostitución montada en Montevideo y Punta del Este.

Gatti llamó “Operación Blanca” a la investigación y contó con la colaboración de la Dirección General de Crimen Organizado de Uruguay e Interpol. La jueza comprendió el alcance de la organización al recibir a dos jóvenes menores de edad, que relataron el método de captación de los acusados –identificados con las siglas J.M.A.F y R.R.D– y el procedimiento que utilizaban los clientes para elegirlas: la selección de las chicas se realizaba a través de un book de fotos y los encuentros eran pautados en Punta del Este y la capital uruguaya; en el balneario las citas se pagaban 1000 dólares aunque en Montevideo la tarifa variaba entre los 300 y los 400 dólares.

Con el avance de la causa, la jueza descubrió que el negocio había cruzado el Río de la Plata y que el mánager Leandro Santos guardaba estrecha vinculación con los dos proxenetas uruguayos, a quienes brindaba apoyo logístico para el desembarco de las jóvenes en Buenos Aires. Santos llevaba a las chicas a las discotecas, donde eran obligadas a mantener relaciones sexuales con los dueños de los locales. Para ser famosas, las jóvenes también se acostaban con empresarios y participaban en orgías organizadas en galpones de Palermo. Gatti no duda de que Santos era un engranaje vital en el negocio y por eso pidió su captura internacional.

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