01/10/2013 19:21



 

La columna de Ricardo Fort para EL SENSACIONAL

 

“Una vida con dolor”

Creo que lo peor que hay en la vida es el sufrimiento. Hay sufrimiento del corazón por mal de amores, por la pérdida de un ser querido o por no poder lograr las metas que uno quiere. Pero el peor de los sufrimientos y el más difícil de sobrellevar es el dolor corporal.

La pena del corazón se calma cuando aprendemos lo que debemos aprender, conocemos a alguien nuevo y nos volvemos a enamorar. La pérdida de un ser querido sólo se atenúa con el tiempo y comprender que ese ser querido está en un plano superior y se encuentra realmente feliz y dichoso. Cuando no logramos nuestras metas, lo solucionamos volviendo a ponernos una meta nueva y alcanzándola.

Pero el dolor del cuerpo por un problema físico es el más difícil de sobrellevar y el que más trastornos emocionales puede producirnos sin darnos cuenta.

Culto al físico

Toda mi vida hice culto de mi físico, entrenando desde los 16 años. Formando mis músculos y dibujando mi cuerpo hasta llegar a lo que yo creía era la perfección, a la que en realidad, nunca jamás se llega y que hace que cada vez te esmeres más por llegar a ese ideal, forzando tu cuerpo sin pensar en las consecuencias que, con el tiempo, pueden existir.

Con los años el cuerpo empezó a cobrarme los esfuerzos que hice. Con una columna con escoliosis de nacimiento que se fue agravando sin darme cuenta, fui destruyendo mis huesos sin notarlo, porque sólo me importaba lo que reflejaba el espejo.



Los dolores empezaron a aparecer por plazos cortos, pero, cada vez, los plazos se fueron extendiendo, hasta el punto de no poder aguantarme sentado más de 10 minutos en una posición.



Manejar era ya una pesadilla, y tenía que frenar el auto y reclinar el asiento por unos minutos cada vez que el dolor me invadía. Así, tuve mi primera consulta con un traumatólogo de columna, el cual me aconsejó “jamás te operes, porque después de la primera operación vendrá una segunda y una tercera, fijando las vértebras que van quedando sanas cada vez más arriba hasta terminar con toda la columna fija”.



Como los dolores continuaban, fui a ver a otro médico el cual me operó, poniéndome tornillos y varillas hasta la cuarta lumbar.



Paré de sufrir por un tiempo corto, hasta que el cuerpo hizo una cifosis para adelante en la parte sana de la columna. Los dolores empezaron nuevamente y la única solución para calmarlos era la morfina. Recetada y tratada por especialistas, la morfina es uno de los opioides menos peligrosos que hay en el mercado.



Más operaciones, más dolor

No tuve más opción que volverme a operar. Me sacaron todo el trabajo anterior y me volvieron a colocar tornillos y varillas de titanio, esta vez hasta arriba de todo, fijando casi la totalidad de mi columna.



Después de una operación de más de 9 horas, los dolores post operatorios tras semejante intervención me obligaron a seguir con el tratamiento de morfina. Es hasta el día de hoy que los dolores siguen y los debo calmar con morfina. No me dejan hacer una vida normal.



El dolor te afecta toda tu vida. Desde el no poder jugar con tus hijos, correr, o caminar como cualquier ser humano lo hace, y como yo lo hice durante años. La morfina lamentablemente tiene una mala prensa pero es la solución de muchos pacientes que tienen que vivir con el dolor y lo atenúa, dándole a la persona una mejor calidad de vida.



A pesar de todo esto, parece que debo operarme por tercera vez. Mi cuello está rectificado para adelante, lo cual, además de dejarme en una posición incómoda, me produce más dolor en la parte cervical. Esto conlleva decenas de riesgos, desde que se lastime la médula en la operación y quedar paralítico, o quedar con problemas motrices de los brazos y piernas, pérdida de una cuerda vocal, ya que entran por delante del cuello, o simplemente la muerte en quirófano. Alentador, ¿no?



Por eso decidí irme un mes a Miami y ver a los mejores especialistas de columna antes de tomar una decisión tan trascendental. Allí me dirán qué posibilidades hay de corregir mi problema y cuánto riesgo corro si me opero.



La otra alternativa es no hacerlo por ahora y seguir un tratamiento con kinesiólogos y osteópatas que, con ejercicios, puedan modificar la estructura de lo que ya está atrofiado.



Ya sea a través de la operación o la gimnasia, lo más importante para mí o para alguien que tiene estos problemas es parar el dolor. Hay otras opciones que se me han presentado, como la flor de cannabis, que viene en gotas o se fuma. Es muy usado en Europa y en ciertas partes de EE.UU. Esto es, en pocas palabras, el típico porro.



Hay diferentes tipos de marihuana que teóricamente se usan como medicina alternativa. Existe y es real. Ahora bien, está en uno querer optar por estas técnicas. A mí, personalmente, jamás me pegó bien la marihuana y, como odio sentirme tonto, no creo que vaya con mi personalidad.



Lo más importante de todo es, a pesar del sufrimiento, seguir adelante y tener metas en la vida para cumplirlas y hacer que el dolor pase a segundo plano, aunque en ocasiones se torna muy difícil. Veremos qué me dicen en Miami y les iré contando en las próximas columnas. Deséenme suerte.