LA SOLEDAD: EL MAL DEL SIGLO 21. CAUSAS Y CONSECUENCIAS

Publicado: 22 de Junio de 2011
ENVIAR POR MAIL

Escribe un psicologo.

 

La Soledad: un mal de nuestra época ¿Elección o mandato?

 

Escribe: Lic Gervasio Diaz Castelli.

 

gerdiazcastelli@yahoo.com.ar

 

Más de una vez  me han preguntado cuál es el principal mal de nuestra época psicológicamente hablando. Yo suelo responder que   - entre otras problemáticas- ubico a la soledad  como uno de los grandes motivos de malestar en la gente, por sobre todo en la franja de personas que se encuentran entre los 30 y  40 años. La soledad  -y el respectivo padecimiento que este estado emocional puede conllevar-  tiene bastante que ver o se fundamenta en parte en un nuevo mandato social que se ha instalado en los últimos 15 años. A lo largo de la historia los mandatos han ido cambiando. Antes, implícitamente, se nos pedía que había que constituir una familia ya a temprana edad, priorizar la cuestión de la maternidad y la paternidad por sobre otro tipo de desarrollos personales o sociales y así  ir encarando la vida.  Ustedes vean que en general la población que tiene entre 25 y 40 años viene de padres que han armado su proyecto familiar tempranamente y con varios hijos incluso, cosa que hoy  ya no es tan común, y menos en la clase media. Por supuesto que el factor económico ha influido mucho en la cantidad de hijos, pero no es tan central como se cree y menos a nivel mundial.

En los últimos años el  imperativo o mandato ha rotado, ha mutado hacia otra cosa. Hoy  parecería que lo que hay que hacer es desarrollarse primero en los aspectos profesionales o laborales  y luego – más adelante – ir viendo todo lo demás. Es llamativo la cantidad de gente que  consulta y  puede hablar horas de los enormes logros que han tenido en relación a su actividad o profesión, o a la cantidad de lugares del mundo que han conocido; también algunos  pueden hablar largamente sobre la solvencia económica que han logrado o de lo felices y libres que han sido gracias  a vivir sin compromisos ni ataduras de ningún tipo pero, sin embargo, el dolor que aparece y que vemos es el de una profunda soledad. Es que mucha gente ha comprado  rápidamente ese mandato en donde “un hijo o hasta una pareja estable” es un elemento limitante para cierto tipo de desarrollo. Mucha es la gente que ha quedado atrapada literalmente en eso de priorizar los desarrollos personales, más asociados a logros o estados de bienestar narcisistas o egocéntricos y un día se encontraron llenos de trofeos y reconocimientos pero… solos. El ser humano tiende a armar relaciones de exclusión entre dos variables, es decir, “o una cosa u otra”, cuando en realidad con más sabiduría y tomándose un poco más el trabajo… se pueden hacer las dos cosas. Los mandatos nos dicen que no, pero se puede. El equilibrio sería disfrutar de las conquistas propias e igualmente de aquellos disfrutes y goces que son con otro con quien se tenga algún proyecto en común en reciprocidad afectiva. Cuántas personas escucho decirme “ha pasado un poco el tiempo, ya tengo 30,  35 o 40… y ahora me cuesta más conseguir pareja, es más difícil”  o cosas por el estilo.

Yo diría que lo de los últimos tiempos esta postura de “libertad” fue casi una militancia, una exaltación  del  “ir tras lo de  uno”, tener parejas modernas sin demasiado compromiso o ataduras, viajar mucho, trabajar más aún, “armarse” hasta los 40 y luego sí – en todo caso- ver qué se puede armar en el territorio del amor o la descendencia. Todo aquello que se hace y construye “reaccionando en contra de un mandato anterior” suele tener costos altos en las sociedades y en las personas. Creo que esas rupturas con lo anterior son inevitables y hasta necesarias para nuestra constitución. No obstante esto, el equilibrio viene cuando la gente va decidiendo por sí misma y no por responder a un mandato actual o reaccionando contra uno anterior. Un claro ejemplo de esto lo vemos en algunos países de Europa, han bajado tremendamente las tasas de natalidad, al punto de constituirse en un verdadero problema. Es que en los europeos ese mandato del que hablamos existe desde hace más tiempo. Cuánta gente vemos por esos lados y por nuestro país también que un día se encuentran a los 35 años diciendo “me siento sola/o, quiero compartir mi vida, mis logros, mis fantasías con otro, tener hijos”. Hombres y mujeres que están en esa búsqueda y no les es tan fácil ya. Y bueno, muchos – realmente muchos- consultan a un psicólogo motorizados por ese malestar. Gente exitosa y muy capaz,  que ha hecho incluso valiosos aportes al mundo desde diferentes lugares, pero que  -casi de repente- se encuentran con un enorme vacío existencial que no puede ser llenado desde lo que hicieron de sí hasta el momento.

Estamos hablando de un mandato que propone una vida de mayor satisfacción individual desde un supuesto “ser libre” que - quizá -  termina construyendo vidas en demasiada soledad a un punto que genera padecimiento, vacío o angustia.  

Es bueno que cada individuo revise cada tanto en qué mandatos o imperativos sociales puede llegar a estar un poco atrapado, y cambiar el rumbo. Puede ser que estemos respondiendo a algún mandato social de una época determinada, o a otro tipo de mandato, como por ejemplo: los familiares, que muchas veces condicionan nuestras vidas y acciones a niveles realmente enormes. Lo complejo de este asunto es que desgraciadamente todos estos mandatos de los que hablamos nos manejan o se instalan en nosotros a nivel inconsciente y por eso es difícil detectarlos para salir de ellos y ser más libres. Sí, ser libres sería tratar de tener autonomía de pensamiento y de acción siempre y en cada cosa que hacemos… tratar. Si estamos gobernados por mandatos sociales o familiares, pues… somos menos libres, de eso no hay duda. Sabemos que nadie lo logra totalmente, los ideales no existen, pero hay grados de libertad a los que se puede acceder.

Dentro de todo esto que hablamos, comenzar un proceso terapéutico puede ser un buen camino para trabajar ese tipo de soledad o vacío que en algún momento se presenta  en los sujetos que quedaron más adheridos a los mandatos de “libertad” de los que hablamos. Esto es lo que podría buscar una psicoterapia, que el sujeto sea más libre (de verdad, de otro modo) y mas impermeable a quedar pegado a lo que se espera de él. En este caso,  un camino posible dentro de una terapia es llevar a que la persona se cuestione  por qué terminó padeciendo de soledad, qué es lo que lo llevó a eso, ¿una sana elección de un modo de vida? ¿Un mandato social o hasta familiar?  En fin, frente al tema de la soledad es mucho lo que se puede trabajar con cada persona.