11/03/2011 08:42
El nadador que perdio una pierna, pero desafia las aguas del Parana

"El agua es mi mejor terapia", asegura el nadador Gustavo Villarreal, que tiene amputada la parte baja de su pierna izquierda, mientras se desviste, se calza un par de antiparras y una gorra, y se prepara para iniciar un nuevo entrenamiento en la pileta olímpica del Cenard, su refugio desde hace meses.

En el estadio, el Jeannette Campbell de ese predio deportivo de la ciudad, donde varios colegas lo saludan al paso y lo sigue la mirada atenta de Claudia -su esposa-, practica intensamente cerca de tres horas diarias para concretar su nueva hazaña: cruzar a nado 70 kilómetros del río Paraná, desde Rosario hasta San Nicolás, una prueba de exigencia física a la que le dedicó los últimos años y que planea realizar el 2 de abril, con sus propios medios económicos y en compañía de un equipo de expertos.

Serán entre 10 y 12 horas de resistencia con el apoyo de la Prefectura, un guardacostas, una moto de agua, "Las viejas del agua de Pilar" (un grupo de amigos nadadores), un médico, dos kayaquistas, y Claudia, que hará el trayecto con cámara en mano para dejar documentada las distintas postas previstas hasta llegar a destino.

"Sé que lo va a lograr. Le tengo mucha fe. Hace tiempo que lo conozco. Fue su perseverancia lo que me conquistó y por eso decidí ayudarlo", confiesa entusiasmado su entrenador, el ex nadador Alejandro Lecot, minutos previos a la práctica.

Como pez en el agua. Gustavo, de 50 años y deportista desde los cinco, sabe de sacrificios, de metas y proyectos. Su relato permite intuir que conoce a fondo lo que es caer y volver a levantarse. Su historia lo confirma y descubre que su maestra, sin duda, fue la propia adversidad.

Su pasión por el agua comenzó a los cinco años en el Club Morón, donde su papá jugaba a las bochas. A los seis, ya estaba en carrera y competía con un equipo en la categoría de niños. De más grande, volvió a apostar por la natación, se recibió de guardavidas en la Municipalidad de Morón y trabajó en una pileta olímpica de Merlo. Al año siguiente, una tragedia lo obligó a abandonar todo, entre otras cosas, su sueño de abrir un taller mecánico para motos, un rubro que siempre le había gustado.

Un conductor ebrio que, casualmente se desplazaba en moto, lo atropelló el 26 de abril de 1982. Tenía sólo 21 años. "Fue una bisagra en mi vida. Un momento realmente difícil. Era muy joven. Me llevaba el mundo por delante. Hacía deporte, corría. Era un toro. De golpe me encontré sin una pierna. Eso me dejó relegado durante mucho tiempo. Jamás había estado enfermo y de pronto tuve que afrontar una amputación y un brazo fracturado", recuerda.

Sin rumbo. El accidente lo transportó a un mundo alejado del deporte. Deprimido, consumió drogas, alcohol y tabaco sostenidamente hasta que se reconoció a sí mismo como un enfermo: "Cuando estaba inmerso en la adicción, no acepté la ayuda de nadie. Pero después de varios años, hice un clic y me dí cuenta de que no podía seguir así. Claudia fue la que me dio el puntapié para que me pudiera recuperar".

Con el apoyo de su mujer, a quien conoció bailando en La Rocola -un boliche de su barrio que reunía a los amantes de las motos-, se internó en una comunidad terapéutica. Al tiempo, obtuvo el alta y se encontró de nuevo sumergido en una pileta entrenando con ansías de volver a competir.

Así sumó varios títulos y condecoraciones: fue 1° puesto en la categoría de nadadores con capacidades diferentes en torneos nacionales e internacionales. Entre 2007 y 2009, se consagró como subcampeón en 100 metros mariposa en el Campeonato Argentino Máster de natación en San Luis y campeón argentino Máster de aguas abiertas.

"Me incliné por la terapia acuática", dice entre risas e ironías al recorrer su experiencia y contar que después de la travesía del Paraná y participar del evento anual que organiza a beneficio de comedores infantiles en Mar del Plata todos los 24 de marzo, buscará tener su revancha con el Río de la Plata, que intentó cruzar en 2009, pero que no logró concretar por la fuerza de la corriente. En toda la historia, sólo 17 nadadores argentinos lograron hacerlo y él, obstinado y perseverante, volverá a desafiar sus aguas posiblemente en los próximos meses.

Lejos de los aplausos y de las felicitaciones, Gustavo busca, tal vez inconscientemente, contagiar a otros a revertir las dificultades conectándose con aquellas situaciones que gratifican. "Mi idea es tratar, por medio del deporte y la natación, transmitir que se puede mejorar", concluye sabiendo que el agua se convirtió hace rato en su aliada incondicional.

 

FUENTE: DIARIO "LA NACIÓN"