Cuando perdemos a un ser querido: ¿qué es un duelo?
Escribe: Gervasio diaz Castelli
gerdiazcastelli@yahoo.com.ar
Hoy vamos a hablar del duelo. Pensar este tema es tocar la cuestión del fin de la vida, cosa que no es muy placentera para nadie amigos… pero bueno, tenemos que poder hablar de estas cosas pues -nos guste o no- son parte de esta experiencia que es la de existir en este mundo. A los psicólogos a veces nos tocan la puerta seres desgarrados por ese estado, personas a las que se les hace demasiado duro todo este asunto, gente que ha sido superada por ese dolor y pide una ayuda. Intentaré explicarles qué es el duelo para mí, qué veo yo en todo esto.
Entonces: entendemos por Duelo a la reacción emocional, yo diría casi física, que experimentamos ante la muerte de un ser amado. Aclaro que hay tipos diferentes de duelos, por separaciones, perdidas de trabajo, perdidas de ideales, pero yo hoy voy a tomar únicamente los duelos en donde lo que se pone en juego la muerte de un ser querido.
Duelo viene de la palabra dolor, es una obviedad, pero es importante subrayar que el tipo de reacción afectiva que se pone en juego allí es casi física! Es decir, es un tipo de estado más asociado a los dolores del cuerpo que a sensaciones como la tristeza o la angustia o cualquier otro tipo de estado afectivo en donde el asunto pasa más por lo mental o lo psíquico. Bien, ciertos estados -a veces- superan nuestra capacidad de ser tolerados… cuando lo que duele es “El alma”… (así me decía cierta vez una persona desconsoladamente en estado de duelo “es el alma lo que me duele licenciado EL ALMA!!!”) no hay modo de explicarlo. Era la única palabra que esta persona encontraba para expresar ese inmenso e inconmensurable dolor que sentía por el que se había ido. Pensemos por un minuto lo siguiente: el otro, al que se quiso tanto… se va, de un momento para el otro no existe más dentro del mundo de lo material. Ese otro con el que hasta ayer compartíamos nuestra vida cotidiana, nuestra alegrías, nuestras angustias, nuestro entorno social… nuestra historia, simplemente un día, no está más a nuestro lado.
Es fundamental que podamos conmensurar que lo que se produce realmente es un desgarro. Si, cuando el otro se va es como que arrastra una parte de nosotros, quedamos sin una parte de nosotros mismos. Y no cualquier parte! Casualmente esa parte asociada al mundo de los afectos, el más intenso y real de todos los mundos. Por supuesto que los vínculos humanos son muy complejos y que muchas relaciones afectivas tienen componentes de bronca o de sentimientos inconscientes cruzados… todo esto también puede despertarse en un duelo, pero me interesa pensar con ustedes los duelos en donde el afecto “predominante” hacia el que se ha ido es de autentico amor humano.
Cada persona “vivencia” los duelos de maneras diferentes, pero se pueden establecer ciertas coordenadas comunes. Lo primero que ocurre es que el mundo, con todo lo que hay en él, se vacía un poco de sentido, el duelante retrae toda su energía sobre si mismo. Es como que se genera una desconexión de la realidad, como si lo que estuviese sucediendo fuera un sueño en donde eso NO PASÓ. Es un mecanismo de defensa útil y necesario en un primer momento, el impacto es muy grande, es muy “increíble”. La desconexión de la realidad y la negación de la pérdida son naturales y hasta cierto nivel normales. Casi en simultáneo a ese primer estallido de DOLOR, ese dolor desmedido del que venimos hablando y que suele demandarnos descargas de todo tipo, ese dolor se va atenuando. Con el paso del tiempo va apareciendo un sentimiento de tristeza y nostalgia un poco más suave. Ahí empieza todo el trabajo interno que se pone en juego en los duelos. El otro que se va, que deja ese espacio vacío, nos impone la tarea de recordarlo/a. Recordamos momentos, imágenes, vivencias, ahí es donde pensamos permanentemente en el que se fue. Vamos reconstruyendo esa historia vincular y así nos vamos aliviando y también vamos eternizando a ese otro en nosotros mismos; en ese punto el otro siempre sigue con y en nosotros, y eso no es malo o patológico, el que no está puede seguir acompañándonos desde un lugar positivo todo la vida.
Llantos, fantasías, sueños… hasta podemos reír por un recuerdo… son varios los mecanismos de reparación que se ponen en juego para ir aliviándonos en nuestro dolor. Luego vendría como una última etapa en donde volvemos a conectarnos con la realidad, ya sin el que no está y empieza el trabajo de aceptación. Que puede no llegar, es ahí en donde aparecen los duelos patológicos que se eternizan en la gente. También puede pasar que hay personas que se quedan congeladas en ese primer momento defensivo en donde se niega la perdida, reprimen el acontecimiento y el dolor asociado a esa perdida y es ahí en donde a veces hablamos o decimos “vos no hiciste el duelo por tal persona”. Pero más allá de esos casos particulares lo importante es que podamos entender que las perdidas forman parte de la vida y que tenemos que poder transitar los duelos lo mejor que podamos, vivir es – también- vivir estas cosas. Hay que trabajar mucho la aceptación de que es así. Se puede pedir ayuda si realmente sentimos que no podemos solos con ese autentico, sabio y necesario estado afectivo que es el duelo. Por suerte lo seres humanos tenemos una gran capacidad para reponernos de los acontecimientos duros o traumáticos y seguir viviendo, disfrutando todo lo lindo - que es muchísimo- que nos da este juego que llamamos vida.
Seguiremos con este tema la próxima charla.