La joven que se había casado en General Pico, La Pampa, con el hombre que la había violado, fue asesinada de once puñaladas. La mató su marido, a quien la chica había “perdonado” para que el hombre saliera de la prisión.

Carla Figueroa tenía 18 años y fue encontrada por la policía muerta al lado de la cama en una de las habitaciones de la vivienda ubicada en la calle 36 y 29 bis. Su esposo, y principal sospechoso, Marcelo Tomaselli, de 24 años, estaba en la cocina con las manos ensangrentadas y con el hijo de ambos de tres años en los brazos, afirmó una fuente policial. Supuestamente, el homicida utilizó un cuchillo de serrucho para atacar a la chica.

El joven, que había sido imputado por “abuso sexual agravado por el uso de arma”, obtuvo la libertad hace una semana por la aplicación del “avenimiento”. Esa figura jurídica establece que en casos de violación, y cuando haya relaciones afectivas preexistentes entre víctima y victimario, la justicia puede “excepcionalmente” aceptar la propuesta si fue formulada “libremente” y “en condiciones de igualdad”. Pero la resolución judicial fue duramente cuestionada al entender la fiscalía que el consentimiento dado por la mujer estaba “viciado” y que su vida corría peligro.

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