PSICÓLOGOS: ¿EN MANOS DE QUIÉN DEJAMOS NUESTRA SALUD MENTAL?

Publicado: 13 de Octubre de 2011
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gerdiazcastelli@yahoo.com.ar

 

Hoy vamos a hablar de un tema que es central al momento de emprender un proceso terapéutico. Las personas llegan con muchas expectativas a un consultorio, siempre se consulta bajo un estado de malestar y sufrimiento en algún área de su vida. La gente va a su sesión en busca  de algo que  los alivie o que -por lo menos- les aporte una manera diferente de pensar sus problemas. Para empezar a hablar de lo que le pasa y así ir aliviándose,  los pacientes depositan mucho en la figura del psicólogo. De alguna manera ese psicólogo será el conductor en ese proceso de “cura” de sus conflictos. Bien, aquí la cuestión: ¿en manos de quien dejamos nuestros secretos, nuestras emociones, nuestras debilidades? ¿Cómo saber si la persona que tenemos enfrente es apta o está en condiciones  de ayudarnos?

La vez pasada una joven, en su primera consulta, me cuenta que venía de una mala experiencia. Refería   que había estado 3 meses con una psicóloga que casi no le hablaba ni daba devoluciones, que la profesional fumaba en sesión, que el trato era  rígido y distante…en fin. En un momento me dice  medio en broma: -mire licenciado, la verdad es que yo me voy a tomar el trabajo de hacer un diagnostico de usted, de si está en condiciones de ayudarme, porque más allá de la experiencia que le acabo de contar le digo: yo tengo un montón de amigos y conocidos psicólogos y ¡están de la gorra vio, viven pésimo!  Bien, esta joven -era una chica muy lucida e inteligente - estaba en buen camino. Más allá de la problemática que traía -que era compleja por cierto- ella tenía una sana desconfianza en relación a elegir en donde quedarse. Ojala todos los pacientes pudieran hacer eso en vez de quedarse años en tratamientos autistas que se empantanan y no generan ningún cambio real en su vida. Veamos: un profesional, psicóloga en este caso, que atiende fumando- casualmente la paciente venía luchando por dejar el cigarrillo -pero eso es anecdótico, el hecho es que la psicóloga le mostraba “en acto”(fumaba) al paciente que estaba atrapada en una adicción tan destructiva como el tabaquismo. Ayer justo hablaba de ese tema con un colega; yo le decía que me parecía pésimo que él deje fumar a sus pacientes en el consultorio, mi argumento es que no podemos dar lugar a una acción así en un espacio de salud, que por lo menos tenemos que hacerles entender a esos pacientes que ahí no, que por esos 50 minutos  vamos a dejar de lado eso. El me decía que los pacientes tienen que sentirse libres en la consulta...yo le decía que si la libertad pasa por dejarlos fumar… en fin.

Pero volviendo al tema: cómo saber si estamos frente a una persona que está en condiciones  para ayudarnos? Bueno, lo primero que tenemos que hacer es tomarnos 3 o 4 sesiones para ver si nos sentimos cómodos y si esta persona parece sensata y “normal” en el trato. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, el tipo de trato social de un psicólogo con su paciente no tiene por qué diferir, en esencia,  de  otras modalidades de trato que tenemos entre seres humanos. En nuestra vida diaria charlamos con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, la cosa fluye, hay intercambio permanente de opiniones, interrupciones etc. Bueno, en un consultorio no tiene por qué ser diferente. Permanentemente escucho gente hablar de que fue al psicólogo y fue atendida de manera distante, que casi no había dialogo, que había cierta rigidez en el ambiente, que no se llevó devolución de lo escuchado o que se lo atendió 30 minutos…en fin. Les cuento todo esto porque realmente yo creo que esa postura que adoptaron y adoptan miles de psicólogos en nuestro país ha generado bastante daño en la gente. Si, considero que el tipo de vínculo que tiene que generarse dentro de un consultorio tiene que ser de intercambio permanente, de devoluciones y de tensiones también ¿por qué no?  Pero de tensiones productivas y no esa tensión innecesaria del excesivo silencio y de la distancia que algunos psicólogos ponen con sus pacientes. Porque el punto es que todo eso genera, con el tiempo, tratamientos autistas, improductivos, terapias que se empantanan. Muchas veces en ese tipo de tratamientos se generan grandes pensamientos, grandes interpretaciones de “los que me pasa”, pero, en la realidad...no se producen muchos cambios.

Entonces, yo creo que los pacientes, frente a un escenario como el que describimos tienen que defenderse e ir a profesionales más sueltos y que propongan sesiones más dinámicas y productivas. Porque aparte, esa rigidez o ese “encuadre” distante que el psicólogo proponga puede hablar de sus limitaciones y de que el psicólogo, como persona, aun no esté realmente en condiciones de trabajar con pacientes. En general, en salud mental, los psicólogos más efectivos son aquellos que uno entra y nota cierta soltura en el trato, y cierta actitud -¿cómo decirlo?- ¿VITAL? Y algo central, las personas tienen que irse más aliviadas en su dolor al terminar la sesión, y tienen que partir sintiendo que fueron comprendidas en lo que les pasa. En relación a la rigidez recuerdo que una vez un paciente me contó que su psicólogo no le quiso decir de que cuadro era.  La verdad que al paciente le había parecido tan anormal esa actitud que el vínculo se fue enfriando y finalmente se fue. Yo hubiese hecho lo mismo por cierto. Es interesante, como si el hecho de que un paciente sepa si uno es de boca o river quitase seriedad al trabajo o no sé qué. Bueno, la gente, hoy por hoy, rechaza a ese modelo de psicólogo mezquino  y rígido.  Lo que quiero decir es que los pacientes pueden hacer un pequeño diagnostico de la persona que tengan enfrente, y lo pueden hacer desde el sentido común, ese no falla. Luego si...elegir confiar y ponerse a trabajar. Por más mal que una persona llegue al consultorio puede hacer, aunque sea por unas sesiones una pequeña evaluación del profesional. Ahora bien: ¿un psicólogo tiene que ser una persona con todos los problemas resueltos y ser un sujeto completo y feliz? No. Pero si, por lo menos, debería  tener muy bien visualizados cuáles son sus enemigos internos y poder manejarlos. Y tiene  que haber vivido una  experiencia sostenida y productiva como paciente,  para así tener claridad para escuchar y que no se le filtren las propias problemáticas no resueltas con sus pacientes. Un sujeto atrapado en sus fantasmas difícilmente pueda aportar mucho a alguien.  Pero bueno, hoy lo vamos a dejar acá, la próxima seguiremos pensando herramientas para que ustedes, como pacientes puedan pensar en cómo marcha su tratamiento, si les está aportando o no etc.

 

 

 

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