Escribe: Licenciado Gervasio Castelli
Contacto: gerdiazcastelli@yahoo.com.ar
Paciente: ¿Qué tal licenciado? Le cuento: vengo por que ando con problemas de erección, es la tercera vez que me pasa, estoy preocupado. El miércoles conocí una chica en el after. Todo iba bien. Pero en el hotel un desastre! En un momento tuve una “semi” erección, estaba un 65% o 70% -si bien el paciente estaba claramente angustiado había cierto sentido del humor en su relato- y de tarado que soy, por miedo a que si me ponía el forro se me “bajara”…la penetré de una. Es que me dije: ¡otra vez no! De todas maneras a los pocos segundos la erección se despidió de mí nuevamente. Y la verdad todo mal. Ahora no solo estoy preocupado por lo de la impotencia, sino que también estoy mal por si me agarré algo, alguna enfermedad ¿que se puede hacer con esto?
Bueno: hoy vamos a hablar de esta disfunción sexual que es la impotencia. Imaginemos que estamos en el mar, en la rompiente. En un momento, por esas cosas de las olas, dejamos de hacer pie y el agua comienza a tragarnos. Bien: si nos desesperamos y empezamos a nadar contra la corriente ¿que pasa?...nos hundimos seguro. Tenemos que hacer un poco la plancha, pedir ayuda y - mientras el héroe llega a nuestro rescate- intentar nadar en paralelo al mar para que las olas mismas nos vayan sacando. Entonces: nuestro paciente estaba desesperado; desesperó en el hotel frente a la falta de erección, y desesperado ahora por miedo a que le siga pasando...en fin.
Muchos son los hombres que consultan por este problema. Todos llegan muy preocupados y heridos en su masculinidad. Y es lógico. Tener una mujer enfrente en situación de intimidad sexual y no tener con que responder es una escena muy temida en el mundo de los hombres. Ese temor puede ser consciente o inconsciente, pero en algún momento de la vida ese miedo se presenta siempre. Lo primero que tendría que hacer un hombre frente a un episodio así es dejar de pensar la sexualidad con la siguiente fórmula: Sexo = penetración. Esto, que parece tan evidente, se pone mucho en juego en estos casos. Ante la falta de erección la persona desespera y anula todo el enorme abanico de opciones que un encuentro sexual tiene para explotar. Entonces: si no hay erección, por que el sujeto se puso nervioso o por qué no está en un buen dia o por lo que fuese, bueno, a veces es sabio abandonar ese camino y tratar de disfrutar y hacer disfrutar de otra manera. Lo que pasa es que el imperativo o mandato social sobre ese tema es muy grande en los varones ¡hay que tener erección si o si! ¡Con todo! ¡Power!..Y si eso no ocurre, la persona se bloquea, se siente espantosamente mal y anula todas las otras prácticas sexuales. El varón se puede pasar 6 turnos de hotel pensando y torturándose por lo mal que está quedando con esa mujer que tiene enfrente y tratando de que “le funcione”. Y olvidar el hecho de que puede disfrutar de otras maneras. Ustedes fíjense hasta qué punto para los hombres no tener erección es una “cuestión de estado” que en el ejemplo que ponemos, este muchacho, prefiere exponerse a contraer alguna enfermedad (intenta penetrar a la mujer ¡rápido! ¡Ni bien tiene la erección!... sin preservativo “porque en el tiempo que me pongo el látex se me baja”) ¿difícil el tema verdad? El orgullo masculino por sobre la salud mía y la del otro. Todo un tema. De paso les digo que es sorprendente la cantidad de hombres y mujeres que hoy por hoy, año 2011, siguen teniendo relaciones sexuales sin cuidado. Y esto es en hombres y mujeres por igual.
Ahora bien: si bien hay muchas cosas en común en todos los hombres en estas situaciones, cada persona “acopla” algo emocional personal a esa escena de falta de erección. Digo: para muchos hombres el mayor grado de intimidad con una mujer se juega en el acto de la penetración y se les pone mucho en juego en ahí. En otros casos a muchos hombres les pasa que cuando están con ciertas mujeres se anulan, es “mucho para ellos”, y se inhiben sexualmente. A otros solo les ocurre con las mujeres que les gustan para algo más que tener sexo, ahí, donde algo del amor aparece…no pueden funcionar en lo sexual. Es decir, puedo seguir mencionando muchos ejemplos, lo central es saber que, en estos casos, se ponen en juego cuestiones de género y sociales, pero también temas de la historia de cada sujeto.
Es importante que la gente consulte por estos temas, que no deje avanzar la interferencia en su sexualidad por mucho tiempo, que no acuda, en raptos de desesperación, a cosas como el viagra o a otros métodos sin antes consultar a los profesionales que trabajan con la palabra estos casos. Pues por ejemplo, el viagra puede ser una forma de tapar el problema de fondo (99% de estos son de origen emocional) es pan para hoy, hambre para mañana, la cosa puede terminar con una dependencia tremenda al viagra -es muy común- en donde “ya sin viagra no me animo” .Ninguna acción motorizada por el miedo extremo y la desesperación da mucho resultado en la vida de la gente. Hay que perderle el miedo a estas cosas, poder hablarlas con naturalidad antes de hacer cualquier acción impulsiva. No va la vida en una falta de erección. Y son cosas súper abordables y con buen pronostico. Pero hay que encarar estas dificultades con los tiempos lógicos que los seres humanos necesitamos para resolver los problemas que la vida presenta. Los tiempos de la angustia, la ansiedad, o la desesperación no son los de un proceso terapéutico, ni los de la vida humana en general. Tenemos que ser “pacientes” hasta que los síntomas o los malestares propios de la vida vayan aflojando. Eso es la vida, así funciona todo esto.
Licenciado Gervasio Castelli
Contacto: gerdiazcastelli@yahoo.com.ar