Los mashco-piro son uno de los pueblos más desconocidos del planeta. Una tribu peruana que vive en el Amazonas, en el Parque Nacional de Manú, y que apenas ha tenido contacto con el mundo exterior.
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Hasta este martes eran unos completos desconocidos para la mayor parte del mundo, pero unas fotografías tomadas por el explorador español Diego Cortijo, y difundidas por la ONG Survival International, han revelado su historia y su existencia.
Este explorador de la Sociedad Geográfica Española, se había embarcado en una expedición para documentar los lugares arqueológicos de la zona.
Su objetivo no era encontrar a los mashco-piro, aunque conocía su presencia por el guía que les acompañaba, Nicolás Flores (Shaco), un nativo que les transportaba de una comunidad a otra y que les ofreció su casa para quedarse durante varios días.
Durante una de las salidas por esta selva peruana, en el sureste del país, los mashco-piro se cruzaron en el camino de Diego Cortijo y el resto del equipo. Entre ellos solo estaba el río Pinquen y "poco más de 100 metros de distancia entre unos y otros", explica el explorador a RTVE.es.
En las imágenes se aprecia a los indígenas sentados sobre el tronco de un árbol caído. Se puede ver a varios niños, un hombre y una mujer, que parecen ser los padres del núcleo familiar captado en las fotografías, mirando directamente a la cámara de Diego Cortijo.
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Son una muestra representativa de la comunidad mashco-piro que viven en la zona. Según el plan antropológico del parque nacional, se calcula que entre 800 y 1.500 indígenas de la tribu habitan en esta zona silvestre del Manú.
"Iban totalmente desnudos, los varones llevaban atado un cordel a la cintura manteniendo el pene sobre el vientre", detalla el explorador. Las mujeres, por su parte, "llevaban una especie de cesta de material vegetal donde transportaban a sus bebés", aclara.
Además, según Cortijo, los indígenas "tenían aspecto saludable a pesar de que una de las mujeres tenía una infección en la pierna", añade.
CONTACTO AMABLE
"Los indígenas no sintieron miedo porque conocían a Shaco. Nosotros tampoco porque no hicieron gestos ofensivo. Simplemente estaban ahí para dejarse ver", indica Cortijo. Pero "no se asustaron, ni corrieron, ni sacaron sus arcos o sus flechas".