Una pedorrada. Y dónde podía ocurrir si no era en Francia, más precisamente en la ciudad de Montpellier. Un tipo fue despedido de su trabajo porque se tiraba demasiados pedos y eructaba mucho. Dice el cable que sus compañeros de laburo se cansaron del muchacho pedorreta y elevaron la queja a sus jefes, que no dudaron en mandarlo a cagar, literalmente. ¡Ya fue todo!
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Lo peor fue el telegrama de despido que le llegó a la casa del hombre despedido: “Debido a las faltas deliberadas y reiteradas a las reglas del saber vivir de este asalariado, generadoras de tensiones en sus relaciones con sus colegas de trabajo, nos vimos en la obligación de despedirlo. Todas las causas mencionadas con anterioridad constituyen, según la ley, una causa real y seria de despido". Si bien no se reveló el nombre del hombre pedorreta, este caso fue denunciado por el abogado defensor del hombre, Eric Rocheblave en su blog.
Uno de sus compañeros, que no reveló el nombre dijo lo siguiente: “Este muchacho tenía como hobby tirarse eructos y flatulencias, es más, se hacía el cheronca en la oficina, y delante de sus compañeros lo hacía, y nosotros nos hartamos de esta conducta infrahumana y terminamos elevando nuestras quejas a la dirección”. ¡Todo mal!
Finalmente, las protestas surgieron efecto, y el empleado acabó con un telegrama de despido, de patitas en la calle. Explícitamente, el texto concluía: "Nos vemos obligados a notificarle su licenciamiento por causa real y seria debido a los siguientes motivos: perturbaciones sonoras tales como eructos regulares, flatulencias no disimuladas (de las que) resulta que sus faltas y su comportamiento generan tensiones y conflictos recurrentes en las relaciones con sus colegas de trabajo".
El abogado Rocheblave, que es especialista en Derecho del Trabajo, decidió representar al desempleado pedorreta y llevar adelante la causa contra la empresa, aunque prefirieron no dar a conocer ni el nombre del hombre echado ni de la empresa que lo rajó. Una cagada.