Antoni Tàpies,uno de los máximos exponentes del informalismo, murió hoy a causa de una enfermedad pulmonar a los 88 años. A lo largo de su carrera Tàpies expuso en instituciones como el MoMA y el Guggenheim de Nueva York, la Serpentine Gallery de Londres, la Neue Nationalgalerie de Berlín, el Centre Pompidou de París o el Museo Reina Sofía de Madrid, entre otros muchos.

El joven Tápies, miembro de una familia burguesa, culta y catalanista, comenzó entonces a tantear el dibujo y la pintura y acabó abandonando completamente sus estudios de Derecho para dedicarse al arte. Expuso sus primeras obras en la década del 40.

 

Tras la experiencia que en Europa supuso la II Guerra Mundial y la bomba atómica de Hiroshima, Tàpies desarrolla como otros artistas de la época una sensibilidad mayor que expresará mediante la experimentación y con un interés por la materia y la utilización de materiales ajenos al arte de la época.

Su mensaje, desarrollado ya plenamente en las décadas del 50 y el 60, se centrará en la revalorización de lo que se considera bajo y muchas veces elegirá temas considerados desagradables. En su trabajo de los 60 y los 70 se aprecia también su compromiso político contra la dictadura de Francisco Franco.   

Ya en los 80 experimenta con goma espuma y la técnica del aerosol, entre otras. A finales de esa década se refuerza su interés por la cultura oriental, que irá influyendo cada vez más en la filosofía de su obra.

Las obras de sus últimos años son muchas veces una reflexión sobre el dolor, tanto el físico como el espiritual. En línea con el budismo, cree que un mayor conocimiento del dolor permite amortiguar sus efectos.

Entre las obras escritas que deja se encuentran "La práctica del arte" (1971), "Memoria personal" (1983), "La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista" (1989) y "Valor del arte" (2001).