17/10/2013 10:12

El ex Ratones Paranoicos nos muestra su nueva vida espiritual. Ahora escucha cantos gregorianos, lee la Biblia, va a misa todos los domingos y reza por Gustavo Cerati. Explica cómo dejó las drogas y el alcohol y se abocó al catolicismo: “La religión me viene salvando desde que nací”. 

Por Florencia Dopazo FOTOS: Gastón Renis 

Juan Sebastián Gutiérrez (51), conocido por todos como Juanse, se encuentra en un momento particular de su vida. Hace dos años decidió que era el momento de disolver la banda que él mismo había creado, Los Ratones Paranoicos. Fue entonces cuando se acabaron las giras, los 100 shows anuales y el cantante decidió tener una rutina más tranquila. 

“Estar en una banda de rock como Ratones tenía muchos pros pero muy superficiales: viajar, comer bien, todo lo que es el cotillón de la vida”, explicó y aseguró que aprendió a disfrutar de cosas más reconfortantes. Actualmente, se encuentra abocado a su trabajo como solista. “A Expresso Bongo”, “Energía divina”, “Juanse Roll Band Vivo” y “Baldíos Lunares”, suma su quinto disco, “Rock es amor igual”, lanzado en agosto. Pero además, hoy es un Juanse más místico: dejó las drogas y el alcohol, para refugiarse en el catolicismo. “La religión me viene salvando desde que nací”, confesó. 

–¿Qué son los Ratones para vos? 

–Los Ratones, para mí, son todo. Gracias a ellos pude expresar mi forma de ver las cosas desde lo musical, fue lo que me dio acceso al gran público para ahora estar en esta etapa en la que estoy. La gente sigue esperando escuchar una canción de Los Ratones en todos los shows que hago. Ahí me doy cuenta, primero, lo agradecido que estoy a la banda y, segundo, la posibilidad que me dio de estar en contacto con la gente. 

–¿No hay ninguna posibilidad de vuelta? 

–No creo. Son caminos muy diferentes, no tanto desde el punto de vista estilístico. Ratones era una banda que estaba en el orden de los 80 o 100 shows anuales. El otro día nos dimos cuenta hablaba con Edgardo, mi manager, que ya estamos en octubre y todavía no di ni nueve shows. Es una diferencia abismal. Por ahora es lo que yo necesito. Si en el futuro vuelve a picar todo eso, no lo descarto. Tendría que haber un montón de factores combinados de por medio que hicieran posible hacerlo. Igual uno siempre quiere tocar con sus compañeros de ruta. Pero creo que hoy por hoy lo más importante es estar bien, tranquilo, pensando en cómo llevar adelante este proyecto que tenemos ahora en la actualidad. 

–¿Te gusta más el trabajo como solista o con la banda? 

–Como solista me gusta muchísimo más. Es otra forma de trabajar, tenemos mucho más tiempo para hacer las cosas. Requiere un esfuerzo extra porque no estás en movimiento. Ratones posibilitaba esa interacción que hay entre el estudio y la gira, que se retroalimenta. En cambio acá estoy a full con el estudio y tengo que hacerme cargo de todo; cambió la forma del negocio, es distinto. 

–Fue un cambio completo en tu ritmo de vida. 

–Cambiaron un montón de cosas. Tiene sus pros y sus contras. Estar en una banda de rock como Ratones tenía muchos pros pero muy superficiales: viajar, comer bien, todo lo que es el cotillón de la vida. En cambio ahora el pro es que disfruto más del estudio, de estar con un productor como Pichón Dal Pont, que es un tipo que ya ganó cuatro Grammys y es el productor de Jennifer López. Son todas cosas mucho más reconfortantes. Además, me da mucho más tiempo para mis actividades más importantes que son la lectura espiritual, la oración, y la meditación. En eso estoy más abocado ahora. 

–Este cambio en tu rutina ¿te ayudó en el momento de dejar las drogas y el alcohol?

–Sí, en todo. Se da vuelta el panorama. Es otra cosa, otra visión de la realidad y siento que estoy haciendo cosas que tienen otro tipo de valores. Estoy concentrado más en mi estilo. Y me siento mejor. 

–En una entrevista explicaste que vos sentís que descendiste y conociste el infierno. ¿Qué aprendiste de eso? 

–Es muy bueno saber cómo es el infierno para no volver a bajar. Había un padre de la iglesia del siglo III, que se llamaba San Ignacio y decía: “Descendamos al infierno, nunca nos olvidemos de cómo es, para temer volver”. Uno no puede dejar de estar en contacto con el mundo porque es una locura. Pero hay que ser conscientes de que el infierno lo vemos a diario: en el consumo, la publicidad, la falta de respeto, la violencia, son cosas que juegan en contra de la situación humana. 

–¿Sos muy religioso? 

–Siempre lo he sido. Obviamente las etapas se van cumpliendo. Este es un alto momento en el que hay que aprovechar esa claridad que a uno le viene para explotarla al máximo a favor de la salud y demás cosas importantes. 

–¿Vas a misa? 

–Por supuesto, todos los domingos. Y rezo. Cuando voy pido por Gustavo Cerati. Siempre pido por todos, sobre todo cuando conozco a las personas que están necesitando. Pertenezco a la comunidad “Jesús pan de vida”, donde hacemos cadenas de oraciones para ayudar a que las personas recuperen su paz. Ya sea hacia arriba o hacia abajo. El caso particular de Gustavo está siempre presente en nuestra voluntad y nuestra intención para que él se mejore en todo sentido. No está tan en juego acá la cuestión física, sino el alma, el espíritu y lo que él dejó como persona, como legado al mundo a través de su arte, su música, de todo lo bueno que hizo. 

–¿En qué momento del día rezas? 

–Todo el tiempo rezo, entré en un estado de oración permanente. Creo que la mejor forma de empezar a rezar es con el rosario, así se arreglan todos los problemas. Por ejemplo, hoy lo recé el rosario de 7 a 10 de la mañana. Pero es importante no decir las oraciones de memoria, porque a Jesús no le interesa eso. Uno empieza a rezar verdaderamente cuando deja de repetir mecánicamente las cosas y piensa cada palabra que dice. 

–¿Alguna vez se burlaron de vos por ser religioso? 

–Sí. Es increíble que se haya logrado que la gente se burle de los que tienen fe. Ahora es el momento en que quienes tienen fe, salgan a expresarla, porque es lo más puro que uno puede expresar. Me parece patético que cuando uno se enferma, vaya corriendo a buscar la estampita para pedirle que lo ayude. Hay que tener la imagen cuando uno está bien. Entonces después cuando vienen los momentos difíciles ya estás protegido. Yo creo que si Dios está conmigo nadie puede estar en mi contra. A los que me dicen que estoy loco por ir a la iglesia, les contesto: “Imaginate cómo estaría si no fuera”. Y ahí se enmudecen. De diez personas con las que hablo, ocho no me dan bola. Pero hay dos que se dan cuenta que pueden encontrar un refugio en la religión. A algunos que al principio no creen, les termina salvando la vida. 

–¿Es tu caso? –A mí me viene salvando desde que nací.

PARA LEER LA ENTREVISTA COMPLETA, CONSEGUÍ EN TU KIOSCO EL NUEVO NÚMERO DE EL SENSACIONAL. ¡COMPRALA YA!