21/01/2014 11:51

El popular bailantero habló con El Sensa sobre su foto en tanga filtrada en internet. Además, nos contó sobre su relación con las drogas y de su supuesto pasado como proxeneta.

Por Juan Manuel Fontán

Se llama Ernesto Gauna (63) pero, como muchos artistas, es conocido por su seudónimo. En este caso, el famoso cantante que se inició en el folklore y terminó en la movida tropical se hace llamar “Pocho La Pantera”. Arrancó hace casi treinta años en un rubro musical donde sus protagonistas tenían looks completamente diferentes al de él. Por eso rompió el molde. De hecho, su imagen es una de sus marcas más exitosas. En la actualidad, muchos jóvenes lo paran para sacarse una foto con él, quizás sin conocer sus grandes éxitos como “El hijo de Cuca” o “Comprale un choripán”.

En un diálogo más que sincero con El Sensacional, el vigente ídolo musical desentramó la polémica que pesaba sobre distintas áreas de su vida. Por ejemplo, si fue o no un regente de prostitutas durante pasados años de su vida o qué pasó el año pasado cuando fue internado por una neumonía. Además, una confesión: intentó suicidarse con una sobredosis de drogas. Pero, primero, lo más importante: ¿qué lo llevó a sacarse fotos en tanga en respuesta a Cristian Castro?

-Se habló muchísimo de vos en estos días por tus fotos. Lo que no quedó claro es si era una sunga o una tanga…

-¡Qué sé yo! Me estaban boludeando. Estaba en mi quinta con mi familia y me contaron que me trajeron un regalo. Era la prenda esa. Me la puse, ¡total..! Me vi y me empecé a cagar de risa porque parecía un lechón entangado. La verdad que no sé si es una tanga o una sunga. Después subieron la foto. Primero no me gustó, me pareció una falta de respeto hacia la gente, yo que siempre trato de ser lo más correcto posible. Después, me cagué de risa porque lo empezaron a mostrar en todos los medios.

-¿Viste la imagen en la que juntan la foto tuya con la de Cristian Castro?

-Sí. Yo me lo tomo con humor, no soy un amargado. Lo lindo de esto es que me tiran buena onda. Quiero agradecer a la gente. Hubo dos o tres huevones que, como de costumbre, me dijeron que era ridículo. Hice tantos años de ridículo ya, que no me importa.

-¿Tenés sentido del ridículo?

-Cuando vos sos consciente de eso, ganás plata. Yo aproveché el ridículo con Pocho La Pantera. Cuando empecé, hace treinta años, que salía con cadenas y el cuello levantado, era ridículo. Todos los cantores de cumbia estaban con las frutas en la cabeza. El ridículo consciente es negocio, el inconsciente no. Yo hago ridiculeces a propósito.

-¿Qué pasó con la banda que habías conformado con Alcides y Marixa Balli para tocar en casamientos?

-Eso lo organizó un muchacho y nos convocó. Yo fui. Después parece que el tipo no quiso seguir, porque desapareció. Yo sigo con lo mío igual.

-¿Pero llegaron a tocar?

-Sí, sí, varias veces. La pasamos recontra bien.

-¿Qué te pareció el escándalo que se armó con Alcides por la cámara oculta que lo mostró violento?

-Me dio un poco de pena. Yo lo quiero mucho, es un tipo excelente, buen compañero, cero criticón y no busca pelea. Se ve que en su intimidad se dio el gusto de putear o decir algo. Es como los cristianos que son cristianos frente a la gente y no en su vida privada. Hay que ser cristiano siempre. Se ve que cuando Alcides está solo putea.

-Lo acusaron de violento y borracho.

-Nada que ver. Se tomará sus tragos, como se los toman todos. Yo nunca lo vi borracho ni buscando camorras. Yo soy más camorrero que él, en tal caso.

-¿Sos calentón?

-Hará diez años que paré, me hice cristiano evangelista. Tengo más tolerancia por lo que aprendí. Antes me cagaba a piñas con los negros cuando me bajaba del escenario. Soy calentón. Ahora soy más rápido para calmarme que para enojarme.

-¿Qué más ganaste como experiencia para mejorar?

-He sido un tipo que tomaba drogas y ya no tomo. Fumaba y ahora no fumo. Me agarraba a las piñas con todos y ya no. Estoy casado hace 23 años, no soy ningún boludo. Di un giro.

-¿Cómo hiciste para dejar la droga?

-Por amor. Usando lo que nos dio nuestro Dios, que es el raciocinio. Me di cuenta que después de la acción viene la consecuencia. Lo hice por mí, por mi esposa y por mis amigos. Hubo una época que estuve bastante mal. Desde el momento en que una persona se quiere suicidar con el elemento que para muchos es un disfrute, date cuenta. Me quise matar con drogas. Quise tomar de más, me quise dar vuelta.

-¿Qué pasó?

-La gente piensa que el cantante vive una vida espléndida y no te olvides que es como los ginecólogos, con perdón a las mujeres, labura donde muchos se divierten. A mí me pasaba eso con el ambiente de la música. Parece que estás lleno de amigos y, por ahí, te baja la ficha de que están con vos porque tenés guita y estás bien. Después vienen los conflictos familiares. Todo lo que es exceso no es bueno. Tener mucha plata no es bueno. Pasé todas yo: no tener un mango y tener cinco palos verdes.

-¿Hoy cómo estás?

-Muy bien. Gano como el gerente de la mejor compañía del mundo.

-Siempre hubo una rivalidad entre vos y Cacho Castaña. ¿Cómo te toma su situación actual de salud?

-Me pone muy mal. Cacho es cabezón. Tiene que dejar de fumar, tiene que cuidarse. Ya somos muchachos grandes. Me da mucha pena porque lo quiero mucho.

-¿Cuál fue el motivo de su pelea?

-Yo jamás dije el motivo, ni lo voy a decir tampoco ahora. Son códigos, pero era cuestión de que el macho tiene que tomar el mando y pedir disculpas. Yo no me mandé la cagada, se la mandó él. Desde el primer día ya lo perdoné, pero no lo relacioné. Él no me llamó, dos o tres veces nos hemos encontrado. Espero su mejoría, he orado por él muchas veces para que se termine la historia esta que tiene.

-El año pasado tuviste un episodio parecido al de él. ¿Cómo estás ahora?

-Si, tuve una neumonía. Cacho tiene ese problema, lo que pasa es que yo no fumo ni tomo alcohol excesivamente. No aspiro droga, que eso también es jodido para los pulmones. A mí se me curó naturalmente, pero estuve mal. Ahora estoy bien, estoy bárbaro.

-La frase tuya que más polémica generó fue cuando dijiste que fuiste “cafiolo”. ¿Manejaste prostitutas?

- Nunca fui cafiolo, ocho cuarenta o no sé qué otros nombres tienen. Yo trabajé mucho con los cabarets y estuve en contacto con las mujeres de la prostitución y eso no lo manejaba yo. Yo soy un ser humano y te hacés amigo. Nunca las manejé, al contrario, siempre respeté y respeto mucho a la mujer. Quienes dijeron que yo era cafiolo son estúpidos que no se miran al espejo.

-¿Cómo fue tu infancia en los prostíbulos?

- Me crié en un ambiente familiar, de peñas y de canciones. Mi mamá era locutora, bailarina y actriz y mi papá era cantante y director de escuela. A los 15 años ya era alto, grandote y cantaba y tocaba la viola. Me puse de novio con una mina de 25 años que trabajaba en el cabarulo. Ahí conocí a mucha gente.

-¿Y vos quisiste llevar la palabra de Dios a los cabarets?

Muchos se ríen de que haya querido la palabra de Dios a “Cocodrilo”. Si Cristo bajara, no lo haría a una iglesia, iría a lugar como el cabaret. No era mi casa, pero era mi lugar de laburo. Era donde yo más estaba porque laburaba durante meses todas las noches.

-¿En la calle te saludan?

-Soy el Pato Donald. Beso y abrazo a todo el mundo. Pasa un cartonero y me bajo del auto a abrazarlo. La gente es mi familia. Me han dado cosas lindas, felicidad y plata.

-Este año no hiciste temporada.

-El año pasado hice para probar, pero no lo hago más. No lo voy a volver a hacer a no ser que tenga un papel importante. No lo tuve con la Tota en “Hasta que la risa no pare”. Un protagónico o con personas más conocidos, populares o famosos. Moria Casán lo llevó a Sergio Denis, me hubiera gustado también que me lleve a mí.

-¿Vas a sacar un libro?

-Si, se llama “Fondo blanco”, donde hablo de mi vida, pero tranquilo. Creo que este año sale. Faltan algunos detalles. También tengo ganas de estudiar periodismo. También estoy pintando. Le pinté un cuadro a la presidenta, pero nunca pude saber si llegó o no. Me dijeron que vaya a la calle Balcarce, cerca de la Casa Rosada, y se lo di a una persona que me recibió. No recibí ninguna contestación. Tampoco quiero que me toquen los bombos en la cuadra de mi casa, pero al menos un telegrama que diga que lo recibió.